Ruta histórica de la Revolución del 34

Cliente: Ayuntamiento de Barruelo de Santullán

Sobre el proyecto

Cliente
Ayuntamiento de Barruelo de Santullán
Reto
Traducir un episodio histórico complejo y cargado de significado político y social en un soporte divulgativo claro, atractivo y respetuoso.

El principal desafío era hacer legible el pasado en el espacio urbano actual, conectando lugares concretos con hechos históricos sin caer en una simplificación banal.
Además, el folleto debía funcionar como herramienta de recorrido y, al mismo tiempo, como pieza editorial con identidad propia.
Singularidades
• Uso simbólico y funcional del color para reforzar el relato.
• Estética editorial inspirada en la gráfica política y periodística de los años 30.
• Enfoque en la divulgación cultural y la memoria histórica, más allá del turismo.
Solución
La solución pasó por entender la cartografía como estructura del relato, no como fondo neutro. El mapa organiza la información, marca el ritmo del recorrido y actúa como eje sobre el que se articulan textos e imágenes.
El diseño editorial refuerza la dimensión histórica mediante referencias gráficas al contexto de los años 30, mientras que la síntesis textual permite una lectura ágil, pensada para ser utilizada durante el paseo urbano.

Barruelo de Santullán fue, en 1934, un núcleo minero profundamente marcado por la conflictividad laboral, la organización sindical y una fuerte conciencia de clase ligada a la explotación del carbón. La Revolución de Octubre tuvo aquí una intensidad singular: el control temporal del municipio por parte de los comités obreros, los enfrentamientos armados y la posterior represión dejaron una huella profunda en su tejido social y urbano.

La ruta no reconstruye únicamente un episodio político, sino que lee el espacio urbano como documento histórico, donde cada punto del recorrido condensa funciones, tensiones y significados del momento.

El diseño del folleto se concibe como una pieza editorial que funciona a dos escalas: por un lado, como mapa de recorrido, y por otro, como objeto narrativo capaz de contextualizar los hechos más allá del paseo físico.

La cartografía ocupa un lugar central en la composición. Se parte de una fotografía aérea , intervenida para subrayar el trazado de la ruta y los edificios clave. El uso del color rojo no es solo funcional sino simbólico, reforzando la carga política y social del relato sin necesidad de explicitarla constantemente en el texto.

La composición general remite deliberadamente a los impresos y boletines de la década de 1930. El uso de tipografías de gran peso, jerarquías muy marcadas y una maquetación densa refuerzan la sensación de documento histórico, alejándose de los códigos visuales del turismo convencional.

El fondo con textura de papel envejecido y la superposición de textos evocan la prensa obrera, los bandos y los panfletos políticos del periodo, reforzando la idea de que el folleto no es solo informativo, sino también un artefacto de memoria.

Una cartografía para caminar la memoria

Este proyecto parte de una idea central: el territorio no solo se recorre, también se interpreta.

Desde La GIStería, el diseño cartográfico se entiende como una herramienta para contar historias complejas, anclar la memoria al lugar y activar nuevas formas de relación entre pasado y territorio.